jueves, 7 de marzo de 2013

El pulpo, la perpetuación de la especie ante todo.

Aparentemente cruel y despiadada, la conducta reproductiva del pulpo es, sin embargo, un eficaz sistema para asegurar la supervivencia en el mar del más inteligente de los invertebrados.

PulpoHace algún tiempo, al salir de una de tantas inmersiones en nuestro querido Mediterráneo, me comentaba un compañero que había visto algo que le impresionó, y que tenía la sensación de haber obrado mal a pesar de que su intención era buena.

Según su relato encontró dos pulpos a la entrada de una pequeña cueva enzarzados en una pelea en la que uno de ellos parecía llevar la peor parte y estaba a punto de morir “a tentáculos del otro”. Guiado por esa manía humana de juzgar todas las actitudes ajenas, aunque estas sean de seres que están muy lejos de saber lo que son cosas como crueldad o compasión, intentó separar a los dos contendientes para “salvar” al más débil.

Pronto se dio cuenta que poco podía hacer ya por el infortunado animal, pero en sus forcejeos con aquella maraña de tentáculos lo que consiguió fue separarlos de la entrada de la guarida en la que estaban. Dejando, así paso libre a que los voraces peces pudieran comerse la puesta de huevos que el supuesto y cruel agresor resulta que estaba defendiendo.

Al sacarla de la cueva (“el agresor” era en realidad la hembra) no sólo se quedó sin comida sino que también fue muerta y devorada por los peces más grandes, al no poder volver a tiempo a su refugio... En fin, el resultado de la, en principio, noble acción de mi desinformado compañero fue que, por intentar arreglar las cosas, consiguió, no sólo que murieran los dos pulpos sino toda su descendencia.

PulposCuando le expliqué lo que en realidad había presenciado comprendió que casi siempre es mejor dejar que la naturaleza siga su curso y adoptar el papel que nos corresponde y que tantas veces hemos repetido: el de mero espectador.

Ante todo la especie. 

El pulpo es un molusco de vida muy corta, los más longevos no suelen pasar de los dos años y lo normal es que sean prácticamente estacionales. Cuando les llega la hora de la reproducción se emparejan y después de la cópula la hembra deposita miles de huevos en racimos con forma de espárragos blancos que normalmente cuelgan del techo de su guarida.

Para que la puesta llegue a término felizmente la hembra ha de vigilarla y ventilarla constantemente y por ello no puede alejarse de ella ni, por tanto, cazar para alimentarse. Por eso se come al macho (que de todas formas iba a morir poco después debilitado por la reproducción).

El cuerpo del macho le proporcionará la energía suficiente para sobrevivir defendiendo los huevos hasta su eclosión que pondrá en el mar la próxima generación. Después ella misma suele morir agotada por este largo proceso, pero la transmisión de su carga genética ya está asegurada.

Tenemos la errónea costumbre de asignar a los animales sentimientos exclusivamente humanos y de juzgar su conducta en base a ellos. Craso error este del prepotente "Homo sapiens". Si la evolución ha conseguido que durante millones de años el pulpo pueble nuestros mares dotándole de un sistema de reproducción que sacrifica al individuo en aras de la perpetuación de su especie...
¿Quiénes somos nosotros para querer cambiar las cosas?

Texto y fotos: Manuel Gosálvez
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